Bernardo León Navarro nunca imaginó que las dos ruedas de una bicicleta lo llevarían a escribir las páginas de su vida en las rutas del país y traspasar las fronteras para lograr lo que muchos deportistas desean: competir en Europa. Creció en un entorno donde la natación era el deporte favorito de la familia, disciplina que no colmó sus expectativas. A sus cinco años, Bernardo era impulsado por sus hermanos y sus padres para visitar la piscina del Parque Bolívar donde ellos (hermanos) entrenaban cada jornada. Para combatir el aburrimiento, el deportista decidió que una bicicleta sería su compañera para comenzar dando giros en ese sector. El idilio entre la máquina y el sucrense fue tomando fuerza conforme pasaban los años, su padre fue el artífice para que Bernardo empiece a dar sus primeros pasos en las competencias que organizaban las escuelas municipales de ciclismo en la exestación Aniceto Arce. A sus ocho años tuvo su primera experiencia nacional gracias al experimentado...